Atrás han quedado las fiestas propias de esta época con toda
su parafernalia, siempre a caballo entre el bien y el mal, entre la sinceridad
y la hipocresía. El 2013 es ya una estela en nuestros pensamientos en esta
cuesta de enero que nos conduce hasta los entresijos del 2014 donde tratamos de
encerrar en el olvido lo negativo de asuntos, momentos y circunstancias y vamos
al encuentro del positivismo que se nos hace necesario en nuestras vidas.
La cuesta de enero no la notaremos este año porque todavía estamos
subiendo la del año pasado que no ha dado paso a ningún rellano en los meses
que siguieron así que ya estamos acostumbrados a gastar la suela delantera del
zapato. La luz al final del túnel que algunos con mejor vista ven, procuraremos
no verla tampoco no sea que el ministro Soria se dé cuenta y nos la quiera
cobrar sólo por vislumbrarla.
Seguiremos en esta situación de emergencia donde los
conceptos de equilibrio, ahorro y buen juicio guiarán nuestra economía
doméstica. Ahora más que nunca la salud será nuestro principal deseo para este
año porque no tenerla sale cada vez más caro, el dinero si no vino con las
loterías ya no se le espera y encima nos lo seguirán mermando de forma
indirecta y el amor es el único engranaje posible para unir las carencias de
los dos deseos anteriores. “Contigo, pan y cebolla” como decía el poeta.
No me queda pena alguna de la marcha del 2013, más bien lo
contrario, y espero que estos 365 días que se muestran ante mí sean la alfombra
donde poder caminar entre los sueños cumplidos, los deseos realizados, la
realidad más positiva y, sobre todo, con y entre la gente que quiero.
Feliz año nuevo a tod@s
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