lunes, 19 de febrero de 2018

viernes, 16 de febrero de 2018

Poesía: Boris Pasternak

Febrero

Es febrero. Coge tinta y llora.
Solloza escribiendo sobre febrero
hasta que la sensiblería estridente
se carbonice con la primavera
Seis grivnas por un paseo
más allá de las campanas y las máquinas
a un lugar donde la llovizna cae
con más ruido que tinta y que lágrima.
Donde como peras de carbón
un millar de mirlos desgarra
de árboles a charcos, cae la tristeza
hasta el fondo de la mirada
Bajo los pies parches oscuros de deshielo.
El viento destrozado por llantos.
Los versos más precisos son los más casuales
se componen sollozando.

 

martes, 13 de febrero de 2018

Poesía: Ernest Hemingway

TEMORES 

Temía estar solo, hasta que aprendí a quererme a mí mismo. 

Temía fracasar, hasta que me di cuenta que únicamente fracaso cuando no lo intento. 

Temía lo que la gente opinara de mí, hasta que me di cuenta que de todos modos opinan. 

Temía me rechazaran, hasta que entendí que debía tener fe en mi mismo. 

Temía al dolor, hasta que aprendí que éste es necesario para crecer. 

Temía a la verdad, hasta que descubrí la fealdad de las mentiras. 

Temía a la muerte, hasta que aprendí que no es el final, sino más bien el comienzo. 

Temía al odio, hasta que me di cuenta que no es otra cosa más que ignorancia. 

Temía al ridículo, hasta que aprendí a reírme de mí mismo. 

Temía hacerme viejo, hasta que comprendí que ganaba sabiduría día a día. 

Temía al pasado, hasta que comprendí que es sólo mi proyección mental y ya no puede herirme más. 

Temía a la oscuridad, hasta que vi la belleza de la luz de una estrella. 

Temía al cambio, hasta que vi que aún la mariposa más hermosa necesitaba pasar por una metamorfosis antes de volar.

Hagamos que nuestras vidas cada día tengan mas vida y si nos sentimos desfallecer no olvidemos que al final siempre hay algo más. 
Hay que vivir ligero porque el tiempo de morir está fijado. 

sábado, 10 de febrero de 2018

Reflexionar con Jorge Luis Borges

De tanto perder aprendí a ganar; de tanto llorar se me dibujó la sonrisa que tengo.

Conozco tanto el piso que sólo miro el cielo.

Toqué tantas veces fondo que, cada vez que bajo, ya sé que mañana subiré.

Me asombro tanto como es el ser humano, que aprendí a ser yo mismo.

Tuve que sentir la soledad para aprender a estar conmigo mismo y saber que soy buena compañía.

Intenté ayudar tantas veces a los demás, que aprendí a que me pidieran ayuda.

Trate siempre que todo fuese perfecto y comprendí que realmente todo es tan imperfecto como debe ser (incluyéndome).

Hago solo lo que debo, de la mejor forma que puedo y los demás que hagan lo que quieran.

Vi tantos perros correr sin sentido, que aprendí a ser tortuga y apreciar el recorrido.

Aprendí que en esta vida nada es seguro, solo la muerte… por eso disfruto el momento y lo que tengo.

Aprendí que nadie me pertenece, y aprendí que estarán conmigo el tiempo que quieran y deban estar, y quien realmente está interesado en mi me lo hará saber a cada momento y contra lo que sea.

Que la verdadera amistad si existe, pero no es fácil encontrarla.

Que quien te ama te lo demostrará siempre sin necesidad de que se lo pidas.

Que ser fiel no es una obligación sino un verdadero placer cuando el amor es el dueño de ti.

Eso es vivir…La vida es bella con su ir y venir, con sus sabores y sin sabores…

aprendí a vivir y disfrutar cada detalle, aprendí de los errores pero no vivo pensando en ellos, pues siempre suelen ser un recuerdo amargo que te impide seguir adelante, pues, hay errores irremediables.

Las heridas fuertes nunca se borran de tu corazón pero siempre hay alguien realmente dispuesto a sanarlas con la ayuda de Dios.

Camina de la mano de Dios, todo mejora siempre. Y no te esfuerces demasiado que las mejores cosas de la vida suceden cuando menos te las esperas. No las busques, ellas te buscan.

Lo mejor está por venir.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Poesía: Leopoldo Lugones

Plegaria de carnaval

 

¡Oh luna! que diriges como sportwoman sabia

Por zodíacos y eclípticas tu lindo cabriolé:

Bajo la ardiente seda de tu cielo de Arabia

¡Oh luna, buena luna!, quién fuera tu Josué.

 

Sin cesar encantara tu blancura mi tienda,

Con desnudes tan noble que la agraviara el tul;

Oh extasiado en un pálido antaño de leyenda

Tu integridad de novia perpetuara el azul.

 

Luna de los ensueños, sobre la tarde lila

Tu oro viejo difunde morosa enfermedad,

Cuando en un solitario confín de mar tranquila,

Sondeas como lúgubre garza la eternidad.

 

En tu mística nieve baña sus pies María

Tu disco reproduce la mueca de Arlequín,

Crimen y amor componen la hez de tu poesía

Embriagadora y pálida como el vino del Rhin.

 

Y toda esta alta fama con que elogiando vengo

Tu faz sietemesina de bebé en alcohol,

Los siglos te la cuentan como ilustre abolengo,

Porque tú eres, oh luna, la máscara del sol.