viernes, 20 de enero de 2023

Padre: relato de Francisco Rodríguez Criado

Padre 

Nada más entrar, se sentó a la barra y pidió un café solo. Mientras pagaba, miró de reojo al centro de la sala. Aquel humo, aquel jolgorio, aquel humor desmedido que a veces se tornaba en violencia, amenazas o insultos… No todo el mundo sabe perder. 

Inquieto por que él estuviera allí, mirándome de reojo, al cabo de pocos minutos dejé las cartas sobre la mesa, apagué el cigarrillo contra el cenicero y me dirigí hacia él. Intuyendo mi acercamiento, dejó una moneda sobre la barra y salió del bar. Aceleré un poco y justo cuando bajaba el último peldaño le cogí suavemente de una manga. 

Mi padre, encorvado, mi padre, cansado, mi padre, las manos agrietadas de tanto trabajar desde que era niño, me miró con los ojos vidriosos. Su rostro era un mural de la decepción. El abrigo le quedaba holgado, y los pantalones, y la mirada. Todo le quedaba holgado a mi padre aquella fría tarde. 

–Padre, yo… 

Mi padre se echó a caminar, dándome la espalda. No dijo una sola palabra, y eso me dolía más que cualquier reproche. 

Lo vi caminando solo, en dirección a casa, despacio, con todo el peso del mundo en sus espaldas. Sentí que mi padre había perdido de una vez por todas a su único hijo. 

–Padre… 

Entonces eché a correr hacia él y lo encaré. 

–Espere un momento. Debo pagar la consumición… las consumiciones… No quiero que me tachen de mal pagador. Es solo un segundo. No se vaya, por favor. Le acompañaré a casa. 

Hizo una mueca y yo corrí al bar. Pagué la bebida y regresé adonde estaba mi padre, que había aprovechado para sentarse en un banco. 

–Padre –le dije mientras nos echábamos a caminar–. Lo dejaré. Le juro que dejaré esta vida. Esta vez lo digo muy en serio. Lo juro por mi pequeña hija. 

Mi padre, hasta ese momento mudo, se puso en pie, se giró y me dijo con tono lapidario. 

–Soy yo quien te jura por mi santa madre, que en paz descanse, que si no cumples tu palabra, no volveré a dirigirte la palabra. 

–Lo juro, padre. Esté seguro de ello. 

Pero la verdad es alma casquivana: yo no dejé aquella vida ni mi padre dejó de hablarme hasta el último de sus días.  



lunes, 16 de enero de 2023

Reflexionar con Pío Baroja


Si alguna vez descubre usted alguna ley, sea usted prudente y no trate de aplicarla. Ha descubierto la ley…, es bastante. Porque si esta ley es física y trata de aplicarla en una máquina, tropezará con la materia bruta; y si es una ley social, tropezará con la brutalidad de los hombres.

lunes, 9 de enero de 2023

Reflexión: el peso del vaso


El peso del vaso 


En una clase sobre el manejo del estrés, un profesor no encontraba la manera de que sus estudiantes asimilaran sus enseñanzas. Decidió, justo antes de terminar, coger un vaso de agua, levantarlo al frente de todos y preguntarles con seriedad: “¿Cuánto pesa este vaso?”. 

Poco a poco todos empezaron a dar sus conjeturas acerca del peso, hasta que no quedó un solo estudiante presente sin que intentara acertar la respuesta. Cuando llegó este momento, el profesor respondió: “A mi parecer, el peso de este vaso es irrelevante. Todo depende de la cantidad de tiempo que lo sostenga”. El salón permaneció en silencio y el profesor continuó: 

“Si lo sostengo durante un minuto me parecerá que es un vaso muy ligero. Si lo hago durante horas mi brazo creerá que pesa varios kilos. Finalmente, si sostengo el vaso durante un día mi brazo se entumecerá y sentiré que pesa varias toneladas”. 

Ante la mirada confundida de sus alumnos el profesor expuso: “El peso del vaso no cambia, por supuesto, pero cuanto mayor es el tiempo que decido sostenerlo mayor sentiré que es su peso. Lo mismo sucede con las preocupaciones de la vida: piensa en ellas durante un minuto y te parecerán sencillas. Hazlo durante unas horas y empezarás a preocuparte. Llévalas contigo todo el día y te dejarán paralizado“. 

Los estudiantes asintieron con el rostro y el profesor puso el vaso sobre la mesa.