lunes, 28 de noviembre de 2016

Decía Samuel Johnson

Es necesario esperar, aunque la esperanza haya de verse siempre frustrada, pues la esperanza misma constituye una dicha, y sus fracasos, por frecuentes que sean, son menos horribles que su extinción.

( Samuel Johnson )

viernes, 25 de noviembre de 2016

Poesía: Pino Ojeda

Te busqué por los sueños

Te busqué por la tierra, por largos
pasillos de seres. Te busqué por las noches,
por calles y sombras, por quietas esquinas
agudas. Te busqué por los días. Nadie
con carne y tacto me descubría tu nombre.
Te busqué por los bosques: altas miradas
rodaron por copas, por ramas, por quietas
palmeras, por viejos pinos lejanos. Pero nada,
nada tenía escrito tu nombre.
Te busqué por las hojas sobre vientres
de campos morenos. Te busqué por los trigos,
por valles y praderas de lirios, por montañas,
por fuentes. Por cada sendero oculto
iba gritando tu nombre.
Te busqué por los mares, por frágiles
barcas de marineros mojados. Te busqué
por algas, por peces, por rocas agudas,
por olas y anchas playas doradas.
Te busqué más abajo, en lo hondo, entre
viejas astillas de barcos remotos. Olvidadas
cartas marinas no decían tu nombre.
Te busqué por estrellas, por nubes,
por albas, por quietos celajes. Te busqué
por los aires, por la luna callejera,
por locas primaveras saltando.
Te busqué por el tiempo, por los siglos:
fríos cementerios no tenían tu nombre.
Te busqué por un signo, un signo de ave
y nadie, nadie podría encontrarte.
Te busqué por los sueños:
por los sueños, tú me estabas esperando.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Poesía: Paul Celan

Canción a una dama en la sombra

 

Cuando la Taciturna llegue y decapite los tulipanes,

¿Quién saldrá ganando?

                    ¿Quién saldrá perdiendo?

                            ¿Quién se asomará a la ventana?

¿Quién pronunciará primero su nombre?

Alguien que es portador de mis cabellos.

Los lleva como se lleva a los muertos en las manos.

Los lleva como llevó el cielo mis cabellos aquel año en que amé.

Los lleva así por vanidad.

Ese saldrá ganando.

                No saldrá perdiendo.

                        No se asomará a la ventana.

No pronunciará su nombre.

Es alguien que está en posesión de mis ojos.

Los tiene desde que se cierran los portones.

Los lleva en los dedos, como anillos.

Los lleva como añicos de fruición y zafiro:

era ya mi hermano en otoño;

y ya cuenta los días y las noches.

Ese saldrá ganando.

                No saldrá perdiendo.

                        No se asomará a la ventana.

Pronunciará su nombre el último.

Es alguien que tiene lo que dije.

Lo lleva bajo el brazo, como un bulto.

Lo lleva como el reloj su peor hora.

Lo lleva de umbral en umbral, mas no lo arroja.

Ese no saldrá ganando.

                Saldrá perdiendo.

                            Se asomará a la ventana.

Pronunciará su nombre el primero.

Será decapitado con los tulipanes.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Palabras de Robert Kennedy

El PIB no refleja la salud de nuestros hijos, la calidad de nuestra educación, ni el grado de diversión de nuestros juegos. No mide la belleza de nuestra poesía, ni la solidez de nuestros matrimonios. No se preocupa de evaluar la calidad de nuestros debates políticos, ni la integridad de nuestros representantes. No toma en consideración nuestro valor, sabiduría o cultura. Nada dice de nuestra compasión ni de la dedicación a nuestro país.En una palabra: el PIB lo mide todo excepto lo que hace que valga la pena vivir la vida

martes, 22 de noviembre de 2016

Reflexionar

Se define reflexión como el acto de reflexionar, que según la Real Academia Española de la Lengua significa "Pensar atenta y detenidamente sobre algo" y ello lo podemos hacer de múltiples formas; a través de un texto, un poema, una canción o una imagen.

 

En términos filosóficos, la reflexión es una actividad que se realiza mediante la meditación y el pensamiento respecto a algo. Y en la Física la reflexión es un fenómeno que tiene lugar cuando una luz que tiene incidencia sobre un cierto material es reflejada. La filosofía y la física unida, por cuanto cuando reflexionamos sobre cualquier tema estamos pensando sobre el mismo de forma detenida y el reflejo de esa meditación vuelve a nosotros mediante un cambio en nuestra visión anterior partiendo de la no existencia de una única verdad absoluta.

 

Retazos de interior pretende simplemente eso: reflexionar a través de la obra de otros autores y ocasionalmente de las palabras propias para abrir nuestras mentes a otras posibilidades, otros matices de la verdad, otras visiones de una mirada.

 

lunes, 21 de noviembre de 2016

Un cuento de Emilia Pardo Bazán

Cuatro socialistas

Por extraordinario, estaba la mar como una balsa de aceite. Las olas, de un verde vítreo alrededor de la embarcación, eran, a lo lejos, bajo los rayos del sol, una sábana azul, tersa y sin límites. La hélice del vaporcillo batía el agua con rapidez, alzando, entre olores de salitre, espuma bullente y rumorosa.

De los pasajeros que se habían embarcado en Cádiz con rumbo a las africanas costas, cuatro, agrupados en la popa, conversaban. No se ha visto cosa más heterogénea que las cataduras de los cuatro. Uno era membrudo y rechoncho, y a pesar de vestir la holgada blusa del obrero, a tiro de ballesta se le conocía ser de aquellos del brazo de hierro y de la mano airada, y que había de caerle bien a su tipo majo el marsellés y el zapato vaquerizo. Gastaba aborrascadas patillas negras, y chupaba un puro grueso y apestoso. El otro, caballero por su ropa, y por sus trazas, era alto y descolorido, de cara inteligente y seria; sus ojos miopes, fatigados, de rojizo y lacio párpado, los amparaban lentes de oro. El tercero era un viejecito, tan viejecito, que le temblaba la barba al hablar, y la falta de diente le sumía la boca debajo de la nariz; y si no mentía el burdo sayalote negruzco, el manto de la misma tela y color, con cruz roja, el cordón de triple nudo y las sandalias, pertenecía a alguno de los numerosos colegios de Misioneros Franciscanos establecidos en el litoral de África. El cuarto…, es decir, la cuarta, llevaba el desarirado hábito de las Hermanitas de los Pobres; era joven, coloradilla, de cara inocentona y alegre, parecida a la de ciertas efigies de palo que se ven en los templos de aldea. El obrero estaba sentado sobre un fardo, con las piernas muy esparrancadas; los demás, de pie, reclinados en la borda.

-Pues na, que el hombre se cansa de vivir a la sombra y aguantando mal quereres -gruñía el de la blusa, ceceando y escupiendo de costado-. O ha de ser un borreguiyo que diga amén a cuanto se le antoje al patrón, y se deje chupar la sangre toda, o ya sa fastidiao. Y aluego le cuelgan a usté el sambenito; que levanta usté de cascos a los demás, y que donde está usté se armó la gresca. Porque me vieron en un mitin, ya too Dios que se desmandaba tenía yo la culpa. Porque un día cae una pelotera cerilla…, un descuido…, en el almacén, y se alsa una llamará que se quería tragar la fábrica…, ¿quién había de ser? Curro, y aposta. Yasté ve que… fumando.

-Pues mucho cuidadito -respondió el de los lentes- con que en el gran establecimiento agrícola industrial en que le daré a usted trabajo caiga cerilla ninguna… ¿eh? Porque yo tengo tan malas pulgas como los patronos.

-Y es la fija; toos los burgueses, idénticos -declaró el obrero con voz opaca y sombrío mirar.

-No soy burgúes -repuso con imperceptible desdén el aludido-. Mi padre hacía zapatos en Écija. A fuerza de privaciones me dio carrera. Seguí la de ingeniero mecánico. No poseo un céntimo de capital; sólo tengo mi cabeza y mi corazón. Paso al África a dirigir en parte una empresa que se funda con dinero inglés y brazos españoles, a competencia con las industrias francesas, que son allí las boyantes. Estaré al frente de los talleres. Se me ha dado carta blanca, y podré aplicar las nuevas y humanitarias ideas sociológicas relativas a la vida fabril. Bajo mi dirección no habrá explotados. Se amparará a la mujer y al niño. Se ensayará la cooperación. Moralidad, equidad, justicia. Si no, dejo el puesto. Pero… ¡al que me revuelva el cotarro…, sin escrúpulo ninguno, y como a un lobo rabioso…, le salto la tapa de los sesos! Usted verá si le trae cuenta entrar en mis talleres.

Habíase puesto en pie el obrero, y en sus morenas facciones y por su frente de bronce, expuesta al sol, corrían como olas encrespadas arrugas profundas, surcos de odio. Su mano se crispó en la cintura, señalando bajo la blusa el relieve de la ancha navaja cabritera. Mas de pronto, y sin transición, con la movilidad del meridional, adoptó expresión halagüeña, melosa, casi humilde y dirigiéndose al franciscano y a la hermanita más que al de los lentes, exclamó:

-¡Pues no que no entraría! Clavos timoneros soy capaz de arrancar con los dientes pa enviar algo de parné a la mujer y a los chiquititiyos. El corazón traigo como una lenteja, de que se me queden allá hambreando, después de tantas crujidas y tantas necesidades como aguantaron ya en este pinturero mundo. En especial la gurruminiya de once meses me la llevaría yo, si pudiera, en los hombros, como San Cristóbal, y le daría yo tortas de almíbar amasás con mi sangre. ¡Por éstas!

Y al besar la cruz de los dedos, una lágrima asomó repentinamente a los lagrimales del anarquista incendiario.

-¡Válganos la Virgen Santísima, qué desgracias hay en la tierra! -exclamó la hermanita con simpatía profunda.

-Eso está muy bien -pronunció con calma el ingeniero-. Quiera usted mucho a sus chicos, y trabaje para ellos, y no se ladee, y le irá mejor. De los atentados y los crímenes no nace la justicia social. ¿A que el padre está conforme? -añadió, dirigiéndose al franciscano.

-Entiendo poco de estas novedades de ahora -contestó el fraile afablemente, en su voz cascada y lenta-. Yo, con decir misa, confesar y obedecer… Lo único que sé es que nosotros, desde hace quinientos años, vivimos bajo el sistema de la comunidad de bienes. Por nosotros, aunque todo se repartiera… Ya ve usted: no podemos poseer ni el valor de un céntimo; no somos propietarios ni aun del sayal que nos cubre. Si usted me pregunta sobre eso, de que tanto se habla del socialismo…, un pobrecito fraile como yo, lo único que opina es que los ricos, por su propia conveniencia y para ganar el cielo, deben ablandarse de entrañas y dar mucha limosna…, y los pobres ser resignados y laboriosos, porque dice el Evangelio que pobres siempre los habrá en el mundo, siempre…

-Bonito conzuelo e tripaz -gruñó el anarquista.

-¿Qué hizo nuestro santo patriarca? -prosiguió el viejecito con una llama de entusiasmo en las pupilas-. Dio cuanto tenía a los pobres… No quiso propiedad, no quiso dinero, porque la codicia es la que estraga el corazón… Nos descalzó, nos mandó pedir limosna… Quiso que todos fuésemos iguales, sin vanidades ni distinciones ni soberbias tontas, que se han de acabar en el sepulcro… ¿Hablan de nivelación social? Me parece que para nivelados… Que lo diga aquí la hermanita; es cosa muy buena el ser libre y pobre; el dar de puntapiés, así, como la sandalia, al mundo y a las riquezas malditas.

-¡Ay padre! -respondió la simplona-. Ya que pregunta a servidora… si no me regaña…, le diré mi parecer. No soy como usted. Soy muy codiciosa. ¡Vaya si me gustaría que se repartiesen tantos millones como andan por ahí mal empleados! Cogería servidora un par de cientos de milloncitos… y ¡anda con ella!

-¡Hermana Belén! -advirtió severamente el fraile.

-¡Pero, padre Salvador!, usted es un santo, y como un santo, ni ve, ni oye, ni entiende. ¿Ha estado en Madrid, en alguno de esos palacios tan atroces? Servidora, sí…, que me llevó la mujer del cochero a ver las cuadras de aquel grandísimo que está junto a Recoletos…, antes de la Castellana. ¡Padre del alma! Hasta espejos y fuentes, y pilas de mármol blanco, y alfombras tenían los caballos allí. ¡Y nuestros ancianitos sin mantas con que abrigarse en el invierno, arrecidos, tiritando! ¡Y los niños, ángeles míos, traspillados de miseria! No me llame tonta…; yo sé lo que me digo… Había un perrito de la señora marquesa, que me lo trajeron en un cesto acolchado de raso, y era un bicho horrible…, con unos pelos…, una rata me pareció, tanto, que servidora pegó un chillido, así: «¡Huy!» Pues el perro había costado allá en Inglaterra cinco mil pesetas… ¿Usted lo oye, padre? Cinco mil… Con cinco mil pesetas se echan los cimientos del asilo para los ancianos… ¡Y al avechucho aquel me lo lavaban con jabón y agua de olor todos los días!… ¡Que si quiero reparto!

La carita de madera se había transfigurado; una ráfaga de pasión hacía brillar los ojos, fruncirse las cejas, palidecer las mejillas y dilatarse la nariz redonda.

-Si no fuera tan sencilla como es, hermana Belén, ahora merecería una peluca gorda -contestó el fraile-. Baje, baje a la cámara a ver cómo sigue del mareo la compañera.

La monjita obedeció, cruzando las manos, y echó a andar, sonándole las cuentas del rosario cuando bajaba la escalera. El vapor volaba, como si le animase la proximidad de la costa.

A lo lejos se divisaba ya el faro de Tánger.

lunes, 14 de noviembre de 2016

La luna según Jaime Sabines

La luna se puede tomar a cucharadas 
o como una cápsula cada dos horas. 
Es buena como hipnótico y sedante 
y también alivia 
a los que se han intoxicado de filosofía. 
Un pedazo de luna en el bolsillo 
es mejor amuleto que la pata de conejo: 
sirve para encontrar a quien se ama, 
para ser rico sin que lo sepa nadie 
y para alejar a los médicos y las clínicas. 
Se puede dar de postre a los niños 
cuando no se han dormido, 
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos 
ayudan a bien morir. 

Pon una hoja tierna de la luna 
debajo de tu almohada 
y mirarás lo que quieras ver. 
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna 
para cuando te ahogues, 
y dale la llave de la luna 
a los presos y a los desencantados. 
Para los condenados a muerte 
y para los condenados a vida 
no hay mejor estimulante que la luna 
en dosis precisas y controladas.

    

Poetas Vs Cantantes

    Los idiomas nunca han sido mi fuerte. No he tenido buenos profesores en las etapas iniciales de la educación obligatoria y tampoco mi predisposición genética a tal efecto ayudaba mucho, así que lo poco que sé de la lengua de Shakesperare se lo debo al fallecido Leonard Cohen cuyas canciones sirvieron a uno de mis profesores para adentrarnos en el vocabulario y estudiar la gramática inglesa y así mientras Suzanne sonaba en un radiocasete de la época aprendía palabras en inglés mientras me deleitaba con la pasión ya encendida de la poesía.

“…Y quieres viajar con ella, 
Y quieres viajas a ciegas, 
Y sabes que confiará en ti 
porque has tocado su cuerpo perfecto 
con tu forma de pensar…”

            (Leonard Cohen)

            Ahora he vuelto a recordar viejas canciones de cadencia melancólica y a disfrutar de una poesía hecha canción, como ya hacen Bob Dylan y un ejemplo patrio en la voz de Joaquín Sabina. Poetas que cantan con el alma atrapada entre las rimas de una canción, o cantantes que tejen sus canciones con la métrica sublime de unos versos.  

"Cuántos caminos debe recorrer un hombre,
antes de que le llames "hombre"
Cuántos mares debe surcar una blanca paloma,
antes de dormir en la arena.
Cuántas veces deben volar las balas de cañón,
antes de ser prohibidas para siempre.
La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento,
la respuesta está flotando en el viento."

              (Bob Dylan)

 

"Y morirme contigo si te matas y matarme contigo si te mueres, porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren"

              (Joaquín Sabina)

viernes, 11 de noviembre de 2016

Reflexionar con...Leonard Cohen

Lentamente Me Casé Con Ella 

Lentamente me casé con ella
Lenta y amargamente me casé con su amor
Me casé con su cuerpo
en el aburrimiento y el gozo
Lentamente fui a ella
Lenta y resentidamente llegué a su cama
Fui a su mesa
por hambre y por hábito
fui a que me dieran de comer
Lentamente me casé con ella
sancionado por nadie
con la bendición de nadie
en nombre de nadie
en medio de advertencias generalizadas
en medio de la burla generalizada
Fui a su fragancia
con las narices distendidas
Fui a su codicia
con semilla para un niño
Años para la llegada
y años en retirada
Lentamente me casé con ella
Lentamente me arrodillé
Y ahora estamos heridos
tan profundamente y tan bien
que nadie puede hacernos daño
excepto la propia Muerte
Y a través de la totalidad del sueño de la Muerte
Me muevo con sus labios
El sueño es una noche
pero eterno es el beso
Y lentamente voy a ella
lentamente nos despojamos
de los ropajes de nuestras dudas
y lentamente nos desposamos

martes, 8 de noviembre de 2016

Ojos

¿Qué es peor que ser ciego? Cuando tienes ojos pero no ves.

(Helen Keller)

sábado, 5 de noviembre de 2016

Reflexionar con...Nicolás Guillén

LA VOZ ESPERANZADA

¡Ardiendo, España, estás! Ardiendo
con largas uñas rojas encendidas;
a balas matricidas
pecho, bronce oponiendo,
y en ojo, boca, carne de traidores hundiendo
las rojas uñas largas encendidas.
Alta, de abajo vienes,
a raíces volcánicas sujeta;
lentos, azules cables con que tu voz sostienes,
tu voz de abajo, fuerte, de pastor y poeta.
Tus ráfagas, tus truenos, tus violentas
gargantas se aglomeran en la oreja del mundo;
con pétreo músculo violentas
el candado que cierra las cosechas del mundo.
Sales de ti; levantas
la voz, y te levantas
sangrienta, desangrada, enloquecida,
y sobre la extensión enloquecida
más pura te levantas, te levantas.
Viéndote estoy las venas
vaciarse, España, y siempre volver a quedar llenas;
tus heridos risueños,
tus muertos sepultados en parcelas de sueños;
tus duros batallones,
hechos de cantineros, muleros y peones.
Yo,
hijo de América,
hijo de ti y de África,
esclavo ayer de mayorales blancos dueños de látigos
coléricos;
hoy esclavo de rojos yanquis azucareros y voraces;
yo chapoteando en la oscura sangre en que se mojan
mis Antillas; ahogado en el humo agriverde de los cañaverales;
sepultado en el fango de todas las cárceles;
cercado día y noche por insaciables bayonetas;
perdido en las florestas ululantes de las islas crucificadas en la cruz del Trópico;
yo, hijo de América,
corro hacia ti, muero por ti.
Yo, que amo la libertad con sencillez,
como se ama a un niño, al sol, o al árbol plantado frente
a nuestra casa;
que tengo la voz coronada de ásperas selvas milenarias,
y el corazón trepidante de tambores,
y los ojos perdidos en el horizonte,
y los dientes blancos, fuertes y sencillos para tronchar
raíces
y morder frutos elementales;
y los labios carnosos y ardorosos
para beber el agua de los ríos que me vieron nacer,
y húmedo el torso por el sudor salado y fuerte
de los jadeantes cargadores en los muelles,
los picapedreros en las carreteras,
los plantadores de café y los presos que trabajan
desoladamente,
inútilmente en los presidios sólo porque han querido

jueves, 3 de noviembre de 2016

Poema de Gil de Biedma

DE VITA BEATA

En un viejo país ineficiente, 
algo así como España entre dos guerras 
civiles, en un pueblo junto al mar, 
poseer una casa y poca hacienda 
y memoria ninguna. No leer, 
no sufrir, no escribir, no pagar cuentas, 
y vivir como un noble arruinado 
entre las ruinas de mi inteligencia