viernes, 17 de noviembre de 2017

Entre bromas y veras

Me contaba un amigo que yendo al médico por unos problemas de tensión y malestar general, éste le recomendó " entre bromas y veras" que se tomase una tila en ayunas y que evitara el contacto con los medios de comunicación (prensa, radio y televisión) sustituyendo todo ello por un buen libro; al menos durante un tiempo prudencial de tres meses y luego que pidiera hora de nuevo para ver el seguimiento.

Tal como me lo contaron así lo cuento. No deja de tener razón el galeno porque lees la prensa o ves las noticias de la tele y pareces estar en un bucle de negatividad y malas noticias como en la película "Atrapado en el tiempo".

jueves, 16 de noviembre de 2017

Reflexionar con...Sergio Ramírez

A ratos pienso si a mí Proust me ha hecho mucho daño. Con él he aprendido a sufrir. He aprendido, así como quien aprende una lección. He aprendido a degustar la intensidad de la pena hasta sus más recónditos pliegues y a dudar de la intensidad de mis goces. Cualquier alegría me desbarata, me desintegra, y cualquier pena me amarra, me hace fuerte, me consolida. Eso no está bien. Porque si esa consolidación significara serenidad, disminución del dolor, pase, pero al contrario, significa profundidad, intensidad, amplitud. Está siempre en aquello que constituye la médula proustiana: "No tiene lo vivido la realidad de lo soñado".

(Sergio Ramírez, Premio Cervantes 2017)

Otoño desconcertante

A ver si el sol y las nubes dejan de jugar al escondite entre ellos porque ese "corre que te pillo" contínuo hace que los que estamos pegados al suelo no sepamos a qué atenernos en este otoño desconcertante donde la calima, el solajero, la llovizna o el aire fresco se mezclan a su libre albedrío haciendo que la duda ante el armario sea infinita o nos acompañermos de una mochila llena de "por si acaso".

martes, 14 de noviembre de 2017

Superadas las 50.000 visitas

El blog Retazos de Interior supera las 50.000 visitas. Después de España, Estados Unidos y Alemania lideran los países de origen de las visitas en las últimas semanas.

Frases: Rosa Montero

Lo que imaginamos también forma parte de la realidad.
         

lunes, 13 de noviembre de 2017

Poesía: Jaime Gil de Biedma

No volveré a ser joven

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

 

jueves, 9 de noviembre de 2017

Microrelato

Sonrió porque le daba pereza estar triste. Luego rió porque la sonrisa era repetitiva. Y luego se olvidó de la tristeza.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Reflexión de cine

Robin Williams en El indomable Will Hunting
·         Si te pregunto algo sobre arte, me responderás con datos de todos los libros que se han escrito. Miguel Ángel, lo sabes todo, vida y obra, aspiraciones políticas, su amistad con el Papa, su orientación sexual. Lo que haga falta. Pero tú no puedes decirme cómo huele la Capilla Sixtina, nunca has estado allí y has contemplado ese hermoso techo. No lo has visto.

·         Si te pregunto por las mujeres, supongo que me darás una lista de tus favoritas. Puede que hayas echado unos cuantos polvos. Pero no puedes decirme qué se siente cuando te despiertas junto a una mujer y te invade la felicidad. Eres duro.

·         Si te pregunto por la guerra, probablemente citarás algo de Shakespeare, “de nuevo en la brecha, amigos míos”, pero no has estado en ninguna. Nunca has sostenido tu mejor amigo entre tus brazos esperando tu ayuda mientras exhala su último suspiro.

·         Si te pregunto por el amor, me citarás un soneto, pero nunca has mirado a una mujer y te has sentido vulnerable, ni te has visto reflejado en sus ojos, no has pensado que Dios ha puesto un ángel en la Tierra para ti, para que te rescate de los pozos del Infierno, ni que se siente al ser su ángel al darle tu amor, darlo para siempre, y pasar por todo: por el cáncer. No sabes lo que es dormir en un hospital durante dos meses cogiendo su mano porque los médicos vieron en tus ojos que el término “horario de visitas” no iba contigo. No sabes lo que significa perder a alguien, porque sólo lo sabrás cuando ames a alguien más que a ti mismo. Dudo que te hayas atrevido a amar de ese modo.

·         Te miro y no veo a un hombre inteligente y confiado, veo a un chaval creído y cagado de miedo. Eres un genio Will, eso nadie lo niega. Nadie puede comprender lo que pasa en tu interior. En cambio presumes de saberlo todo de mi porque viste un cuadro que pinté y rajaste mi puta vida de arriba a abajo. Eres huérfano ¿verdad? ¿Crees que sé lo dura y penosa que ha sido tu vida, como te sientes, quién eres porque he leído “Oliver Twist”? ¿Un libro basta para definirte? Personalmente, eso me importa una mierda porque ¿sabes qué? no puedo aprender nada de ti, ni leer nada de ti en un maldito libro. Pero si quieres hablar de ti, de quién eres, estaré fascinado, a eso me apunto, pero no quieres hacerlo, tienes miedo. Te aterroriza decir lo que sientes. Tú mueves, chaval.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Poesía: Gustavo Adolfo Bécquer

Mientras se sienta que se ríe el alma, sin que los labios rían; mientras se llore, sin que el llanto acuda a nublar la pupila; mientras el corazón y la cabeza batallando prosigan, mientras haya esperanzas y recuerdos, ¡habrá poesía!

 

domingo, 29 de octubre de 2017

Frases: Robert Fisher

Cuando aprendáis a aceptar en lugar de esperar, tendréis menos decepciones.

(Robert Fisher en El caballero de la armadura oxidada)

Un cuento inmoral: Jacinto Benavente

 

 ¡Qué compromiso! Hay días en que se siente uno capaz de las mayores audacias, y nada le parece imposible.

Y es que yo soy así; hay dos palabras que me sublevan, me encienden la sangre y me obligan a sentirme capaz de todo: la palabra difícil y la palabra imposible. Basta que alguien diga de alguna cosa delante de mí: es difícil, es imposible, para que yo conteste al punto: No hay nada difícil, no hay nada imposible; yo hago eso; yo lo hago; se discute, se cruzan apuestas... yo me veo obligado a sostenerlas... y ya estoy metido en un lío... Y el de ahora es flojo.

Figúrense ustedes que alguien me dijo ayer: Tú que tienes tantas simpatías en el público, bastante autoridad y mucho desparpajo, o sea desahogo; vamos a ver, ¿a que no te atreves a presentarte al público y contarle un cuento... un cuento inmoral, uno de esos cuentos capaces, según frase consagrada, de ruborizar a un guardia civil. ¡Yo no sé qué motivo puede haber para que la Guardia Civil sea más refractaria al rubor que cualquier otro Instituto armado; el caso es que la Guardia Civil y los Carabineros comparten este privilegio. Pero no divaguemos. ¿Un cuento inmoral? ¡Imposible!, exclamaron varios; ya dije antes que la palabra imposible tiene el privilegio de encenderme la sangre. No hay nada imposible. Y quedo comprometido a contar el cuento. ¡Y qué cuento! Se eligió por sufragio en un café de camareras; las camareras tomaron parte en la votación y su voto decidió del resultado... ¡Valiente cuento! Las pobres chicas sólo le conocían por el título, y el título les engañó. (No es el primer título que las engaña.) Es un título tan inocente... parece de un cuento de niños... pero, sí, bueno está el cuentecito... Ya me lo dirán ustedes; sólo de recordarlo se me sube el pavo... Pero no hay nada imposible. Difícil, sí; a pesar mío debo confesar que hay algo difícil, y este es uno de los casos difíciles. Ya sé que ustedes creen seguramente que yo no me atrevo a contar el cuentecito; por eso están ustedes tan tranquilos y tan sentados, sin disponerse a despejar el teatro, no sin antes llamarme algo... Pero, ustedes no me conocen. Ustedes no saben de qué modo la palabra imposible excita mis nervios; todo el azahar del mundo no bastaría a calmarlos, como todo el azahar del mundo no bastaría a dar a mi cuento un aspecto inocente. Advierto que empiezan ustedes a ponerse serios; empiezan ustedes a temer que yo sea capaz de todo. Tranquilícense ustedes; yo contaré el cuento, no lo duden ustedes; pero mi apuesta no sólo consiste en contarlo, sino en que ustedes lo escuchen; porque, claro está que contarlo en el vacío no tendría dificultad ninguna, y ya dije que la palabra difícil me exaspera tanto como la palabra imposible. 

Para que ustedes me escuchen, debo contar el cuento de cierta manera... Eso es lo difícil; pero no imposible. Advierto que ya están ustedes tranquilos; pensarán ustedes que, al fin y al cabo, el cuento no tendrá nada de particular... ¡Ah! El cuento es tremendo; capaz de ruborizar (me horripilan las frases consagradas) capaz de ruborizar a un acomodador del Salón de Actualidades. ¿Cómo contarlo sin que, al oírlo, las señoras no se levanten como un solo hombre y los caballeros, por galantería, no se crean en el caso de acompañarlas... y yo me quede solo, solo ante los acomodadores, que no serán tampoco tan ajenos al rubor como los del susodicho Salón, avezados al tango con todos sus pormenores? Pues bien; contaré el cuento, y lo contaré de tal manera que de ustedes exclusivamente dependa su inmoralidad. Si observan ustedes la actitud conveniente, si saben ustedes protestar en el momento oportuno, la inmoralidad habrá desaparecido como por encanto y cualquier novela de la Biblioteca Rosa será un cuento de Boccaccio comparada con mi cuento... Y va de cuento.

Este era un matrimonio, compuesto, como la mayor parte de los matrimonios, de una mujer, un marido y un... (ya se adelantan ustedes con malicia. ¿No les advertí a ustedes que de ustedes depende todo?). De una mujer, un marido y un niño de pocos meses, de muy pocos... Como en todos los matrimonios, la mujer no quería nada al marido... ¿Encuentran ustedes demasiado categórica mi afirmación? Pues bien; yo la sostengo y me ratifico. No hay matrimonio en que la mujer quiera al marido... ¿Se escandalizan ustedes? ¿Necesitan ustedes una prueba?... En este momento estoy seguro de que me escuchan infinidad de señoras casadas... Si hay una, una sola, que quiera a su marido, yo le ruego que se levante y que lo diga en voz muy alta: «Yo quiero a mi marido.» (Pausa.) ¿Lo ven ustedes? ¡Ni una sola! Ya dije a ustedes que de su actitud dependía la inmoralidad de mi cuento. ¿Puede darse nada más inmoral que entre una porción de señoras casadas no encontrar ni una sola que quiera a su marido? Gané mi apuesta. Y ahora soy yo el que se retira escandalizado.

 

 

jueves, 26 de octubre de 2017

Frases: Jaime Gil de Biedma

Ven. Salgamos fuera. La noche. Queda espacio arriba, más arriba, mucho más que las luces que iluminan a ráfagas tus ojos agrandados. Queda también silencio entre nosotros, silencio y este beso igual que un largo túnel.

Frases: Aristóteles

Con los actos sucede absolutamente lo mismo que con las pasiones: pueden pecar por exceso o por defecto, o encontrar un justo medio. Ahora bien, la virtud se manifiesta en las pasiones y en los actos; y para las pasiones y los actos el exceso en más es una falta; el exceso en menos es igualmente reprensible; el medio únicamente es digno de alabanza, porque el sólo está en la exacta y debida medida; y estas dos condiciones constituyen el privilegio de la virtud. Y así, la virtud es una especie de medio, puesto que el medio es el fin que ella busca sin cesar.

  ( Aristóteles en" Moral a Nicomáco" )

lunes, 23 de octubre de 2017

Poesía: Luis Cernuda

Si el hombre pudiera decir lo que ama

 

Si el hombre pudiera decir lo que ama, 
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo 
como una nube en la luz; 
si como muros que se derrumban, 
para saludar la verdad erguida en medio, 
pudiera derrumbar su cuerpo, 
dejando sólo la verdad de su amor, 
la verdad de sí mismo, 
que no se llama gloria, fortuna o ambición, 
sino amor o deseo, 
yo sería aquel que imaginaba; 
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos 
proclama ante los hombres la verdad ignorada, 
la verdad de su amor verdadero. 

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien 
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío; 
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina 
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera, 
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu 
como leños perdidos que el mar anega o levanta 
libremente, con la libertad del amor, 
la única libertad que me exalta, 
la única libertad por que muero. 

Tú justificas mi existencia: 
si no te conozco, no he vivido; 
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

 

  

viernes, 20 de octubre de 2017

Poesía: Gabriela Mistral

Dame la mano

 

Dame la mano y danzaremos; 
dame la mano y me amarás. 
Como una sola flor seremos, 
como una flor, y nada más... 

El mismo verso cantaremos, 
al mismo paso bailarás. 
Como una espiga ondularemos, 
como una espiga, y nada más. 

Te llamas Rosa y yo Esperanza; 
pero tu nombre olvidarás, 
porque seremos una danza 
en la colina y nada más...

 

   

miércoles, 18 de octubre de 2017

Reflexionar con...Jorge Bucay

La vasija 

Una vez un profesor de filosofía apareció en su clase con una gran vasija de cristal y un balde lleno de piedras redondas del tamaño de una naranja.

¿Cuántas piedras podrían entrar en la vasija?– preguntó. Y mientras lo decía, demostrando que la pregunta era sólo retórica, empezó a colocarlas de a una, ordenándolas en el fondo y luego por capas hasta arriba.

Cuando la última piedra colocada sobrepasaba el borde de la vasija el maestro dijo:

¿Estamos seguros de que no entra ninguna más? –todos los alumnos asintieron con la cabeza o contestaron afirmativamente.

—Error –dijo el docente y sacando otro balde de debajo del escritorio empezó a echar piedras de canto rodado dentro de la vasija. Las piedrecillas se escabulleron entre las otras ocupando los espacios entre ellas.

Los alumnos aplaudieron la genialidad de su docente.

Y cuando hubo terminado de llenar el recipiente, dejo el balde y volvió a preguntar:

¿Está claro que ahora sí está lleno? –ahora sí contestaron los alumnos satisfechos…pero el maestro sacó de abajo del escritorio otro balde.

 Este venía lleno de una fina arena blanca. Con la ayuda de una gran cuchara, el profesor fue echando arena entre las piedras ocupando con ella los intersticios entre ellas.

—Ahora sí podemos decir que está lleno de piedras –dijo el profesor.

¿Pero cual es la enseñanza? –preguntó a los alumnos.

 

Un murmullo invadió la sala. Se hablaba de la necesidad de orden, de acomodar las cosas, de astucia e ingenios, de no confiar en las apariencias y de tantas otras cosas muy simbólicas.

—Todo eso es verdad –intervino el creativo docente, pero hay un aprendizaje más importante.

Es importante hacer primero lo primero. No se trata de apurarse a poner las cosas en su lugar ansiosa y descuidadamente. Si yo no me hubiera ocupado de poner primero en su lugar a las piedras grandes, después de la arena las piedras no hubieran tenido espacio.

 

martes, 17 de octubre de 2017

Frases: Fernando Aramburu

Un libro no es sólo lo que hay en él, también lo que a uno se le ocurre mientras lo lee. Por eso hay libros ostensiblemente ligeros o triviales que, sin embargo, pueden dejarnos una huella más honda que otros de mayor densidad intelectual o literaria.

  

Día mundial del dolor

Toda ciencia viene del dolor. El dolor busca siempre la causa de las cosas, mientras que el bienestar se inclina a estar quieto y a no volver la mirada atrás.

            ( Stefan Zweig )

Dolor

Quisiera esta tarde divina de octubre
pasear por la orilla lejana del mar;
que la arena de oro, y las aguas verdes,
y los cielos puros me vieran pasar.

Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
como una romana, para concordar
con las grandes olas, y las rocas muertas
y las anchas playas que ciñen el mar.

Con el paso lento, y los ojos fríos
y la boca muda, dejarme llevar;
ver cómo se rompen las olas azules
contra los granitos y no parpadear;
ver cómo las aves rapaces se comen
los peces pequeños y no despertar;
pensar que pudieran las frágiles barcas
hundirse en las aguas y no suspirar;
ver que se adelanta, la garganta al aire,
el hombre más bello, no desear amar...

Perder la mirada, distraídamente,
perderla y que nunca la vuelva a encontrar:
y, figura erguida, entre cielo y playa,
sentirme el olvido perenne del mar.

( Alfonsina Storni )

lunes, 16 de octubre de 2017

Poesía: Dulce María Loynaz

Tiempo

El beso que no te di
se me ha vuelto estrella dentro...
¡Quién lo pudiera tornar
—y en tu boca...—otra vez beso!

Quién pudiera como el río
ser fugitivo y eterno:
Partir, llegar, pasar siempre
y ser siempre el río fresco...

Es tarde para la rosa.
Es pronto para el invierno.
Mi hora no está en el reloj...
¡Me quedé fuera del tiempo!...

Tarde, pronto, ayer perdido...
mañana inlogrado, incierto
hoy... ¡Medidas que no pueden
fijar, sujetar un beso!...

Un kilómetro de luz,
un gramo de pensamiento...
(De noche el reloj que late
es el corazón del tiempo...)

Voy a medirme el amor
con una cinta de acero:
Una punta en la montaña
La otra... ¡clávala en el viento!

    

domingo, 15 de octubre de 2017

Gran Canaria

Mirando el paisaje con el Bentayga al fondo, una lágrima pugna por llegar a la tierra quemada y ayudar a reverdecer esta tierra mía.

viernes, 13 de octubre de 2017

Microrelato

Mientras yo le contaba mis desvaríos él escribía la metáfora de mis palabras.
#microrelato

Frases: Javier Marías

El que aquí cuenta lo que vio y le ocurrió no es aquel que lo vio y al que le ocurrió”.
“...y lo que me hace levantarme por las mañanas sigue siendo la espera de lo que está por llegar y no se anuncia, es la espera de lo inesperado, y no ceso de fantasear con lo que ha de venir”.

              

jueves, 12 de octubre de 2017

Frases: Claudio Magris

La ideología es importante porque empuja a buscar el sentido, pero está equivocada y no se lo da. La búsqueda del sentido es muy fuerte, y éste es el aspecto positivo. La ideología es, sin embargo, el barco que se hunde. Pero el viaje sigue siendo verdadero. Es como viajar por el mar en busca del sentido de la vida y de la historia, en un barco que no puede llegar.

            

miércoles, 11 de octubre de 2017

Revolución: un cuento de Slawomir Mrozek

Revolución: un cuento de Slawomir Mrozek

 

En mi habitación la cama estaba aquí, el armario allá y en medio la mesa.

Hasta que esto me aburrió. Puse entonces la cama allá y el armario aquí.

Durante un tiempo me sentí animado por la novedad. Pero el aburrimiento acabó por volver.

Llegué a la conclusión de que el origen del aburrimiento era la mesa, o mejor dicho, su situación central e inmutable.

Trasladé la mesa allá y la cama en medio. El resultado fue inconformista.

La novedad volvió a animarme, y mientras duró me conformé con la incomodidad inconformista que había causado. Pues sucedió que no podía dormir con la cara vuelta a la pared, lo que siempre había sido mi posición preferida.

Pero al cabo de cierto tiempo la novedad dejó de ser tal y no quedo más que la incomodidad. Así que puse la cama aquí y el armario en medio.

Esta vez el cambio fue radical. Ya que un armario en medio de una habitación es más que inconformista. Es vanguardista.

Pero al cabo de cierto tiempo… Ah, si no fuera por ese «cierto tiempo». Para ser breve, el armario en medio también dejó de parecerme algo nuevo y extraordinario.

Era necesario llevar a cabo una ruptura, tomar una decisión terminante. Si dentro de unos límites determinados no es posible ningún cambio verdadero, entonces hay que traspasar dichos límites. Cuando el inconformismo no es suficiente, cuando la  vanguardia es ineficaz, hay que hacer una revolución.

Decidí dormir en el armario. Cualquiera que haya intentado dormir en un armario, de pie, sabrá que semejante incomodidad no permite dormir en absoluto, por no hablar de la hinchazón de pies y de los dolores de columna.

Sí, esa era la decisión correcta. Un éxito, una victoria total. Ya que esta vez «cierto tiempo» también se mostró impotente. Al cabo de cierto tiempo, pues, no sólo no llegué a acostumbrarme al cambio—es decir, el cambio seguía siendo un cambio—, sino que, al contrario, cada vez era más consciente de ese cambio, pues el dolor aumentaba a medida que pasaba el tiempo.

De modo que todo habría ido perfectamente a no ser por mi capacidad de resistencia física, que resultó tener sus límites. Una noche no aguanté más. Salí del armario y me metí en la cama.

Dormí tres días y tres noches de un tirón. Después puse el armario junto a la pared y la mesa en medio, porque el armario en medio me molestaba.

Ahora la cama está de nuevo aquí, el armario allá y la mesa en medio. Y cuando me consume el aburrimiento, recuerdo los tiempos en que fui revolucionario.

 

lunes, 9 de octubre de 2017

Microrelato

El silencio la devolvía de la oscuridad cada cierto tiempo y trás un paréntesis de luz la volvía a cubrir con su manto
#microrelato

domingo, 8 de octubre de 2017

Frases: Haruki Murakami


“Soy libre”, me digo. Cierro los ojos y, durante unos instantes, pienso que soy libre. Pero no acabo de entender qué significa. En estos momentos, lo único que tengo claro es que estoy solo. Solo en una tierra desconocida. Como un explorador solitario que hubiese perdido la brújula y el mapa. ¿Consistirá en esto la libertad? Ni siquiera lo sé." 

Haruki Murakami en “Kafka en la orilla”

 

jueves, 5 de octubre de 2017

Microrelato

Vió aquella luz a lo lejos y quedó prendado, le sonrió alargando la mano para acariciarla pero su gesto era inútil. La esperanza era más fuerte y cada noche estiraba su mano hacia la luna. #microrelato

Frases: Kazuo Ishiguro

Tenía la esperanza de que, si nuestras miradas seguían unidas durante unos cuantos segundos, ella sabría leer mi expresión como yo había sabido leer la suya. Luego el momento pasó, y ella volvió a su lejanía. Nunca podré saberlo con certeza, pero creo que me entendió.


     ( Kazuo Ishiguro, en "Nunca me abandones" )

      Premio Nobel de Literatura 2017

miércoles, 4 de octubre de 2017

Cuento: La Montaña

La montaña

     El niño empezó a trepar por el corpachón de su padre, que estaba amodorrado en la butaca, en medio de la gran siesta, en medio del gran patio.

     Al sentirlo, el padre, sin abrir los ojos y sotorriéndose, se puso todo duro para ofrecer al juego del hijo una solidez de montaña.

      Y el niño lo fue escalando: se apoyaba en las estribaciones de las piernas, en el talud del pecho, en los brazos, en los hombros, inmóviles como rocas.

      Cuando llegó a la cima nevada de la cabeza, el niño no vio a nadie.

-¡Papá, papá! -llamó a punto de llorar.
Un viento frío soplaba allá en lo alto, y el niño, hundido en la nieve, quería caminar y no podía.

-¡Papá, papá!

El niño se echó a llorar, solo sobre el desolado pico de la montaña.

(Enrique Anderson Imbert)

lunes, 2 de octubre de 2017

Microrelato

El contínuo pitido del móvil deja gente fuera de cobertura o comunicando, provocando soledades que interactúan.

domingo, 1 de octubre de 2017

Frases: Douglas Adams

Todos lo que realmente necesitas saber por el momento es que el universo es mucho mas complicado de lo que puedas pensar, aún si partes de la posición de pensar que es realmente muy complicado.

 

Microrelato

Cada día su mirada le devolvía la sonrisa congelada de una foto en silencio.
#microrelato 

sábado, 30 de septiembre de 2017

Frases: Helmut Schmidt

Políticos y periodistas comparten el triste destino de tener que hablar hoy ya de cosas que hasta mañana no comprenderán totalmente.

 

Microcuento

La indiferencia y el olvido lo fue haciendo invisible hasta ser el renglón de una agenda.

#microcuento

jueves, 28 de septiembre de 2017

Frases: François Mitterrand

Los franceses hacen huelga los lunes porque suben el pan; los martes se manifiestan porque ganan poco; los miércoles protestan por la falta de libertades… Y el domingo votan a la derecha.

Cuento Anónimo japonés: Los dos monjes y la hermosa muchacha


Dos monjes, Tanzán y Ekido, viajaban juntos por un camino embarrado. Llovía a cántaros y sin parar. Al llegar a un cruce se encontraron con una preciosa muchacha, vestida con un kimono y un ceñidor de seda, incapaz de vadear el camino.

–Vamos, muchacha –dijo Tanzán sin más. Y, levantándola en sus brazos sobre el barro, la pasó al otro lado.

Ekido no dijo ni una sola palabra, hasta que, ya de noche, llegaron al monasterio. Entonces no pudo resistir más.

–Los monjes como nosotros –le dijo a Tanzán– no deben acercarse a las mujeres, sobre todo si son bellas jovencitas. Es peligroso. ¿Por qué lo hiciste?

–Yo la dejé allí –contestó Tanzán–. ¿Es que tú todavía la llevas?

martes, 26 de septiembre de 2017

Poesía: T. S. Eliot

El primer cobro de la roca

«Se cíerne el águila en la cumbre del cielo,
El cazador y la jauría cumplen su círculo.
¡Oh revolución incesante de configuradas estrellas!
¡Oh perpetuo recurso de estaciones determinadas!
¡Oh mundo del estío y del otoño, de muerte y nacimiento!
El infinito ciclo de las ideas y de los actos,
infinita invención, experimento infinito,
Trae conocimiento de la movilidad, pero no de la quietud;
Conocimiento del habla, pero no dei silencio;
Conocimiento de las palabras e ignorancia de la Palabra.
Todo nuestro conocimiento nos acerca a nuestra ignorancia,
Toda nuestra ignorancia nos acerca a la muerte,
Pero la cercanía de la muerte no nos acerca a Dios.
¿Dónde está la vida que hemos perdido en vivir?
¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que hemos perdido en información?
Los ciclos celestiales en veinte siglos
Nos apartan de Dios y nos aproximan al polvo.

      

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Cuento indio: lo esencial y lo trivial

  Un hombre se perdió en el desierto. Estaba a punto de perecer de sed cuando aparecieron algunas mujeres que venían en una caravana. El hombre, al borde de la muerte, gritó pidiendo auxilio. Cuando las mujeres se aproximaron a él y lo rodearon, pidió urgentemente agua. Las mujeres empezaron a mirarlo con detenimiento y comenzaron a preguntarse cómo querría el hombre que le sirvieran el agua.

¿Preferiría en copa de cristal o en una taza?, ¿en un recipiente de oro o de plata?, ¿tal vez en una jarra?

Ellas hablaban y hablaban interesándose por el objeto, pero, entretanto, el hombre iba agonizando por la ausencia de agua.

  El Maestro dice: "Hay un área de ignorancia en la mente humana que la inclina a lo irrelevante y trivial, obnubilando la consciencia de lo Real"

martes, 19 de septiembre de 2017

Frases: Arnold Newman

La fotografía, como sabemos, no es algo verdadero. Es una ilusión de la realidad con la cual creamos nuestro propio mundo privado.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Frases: Buda

Como flores hermosas, con color, pero sin aroma, son las dulces palabras para el que no obra de acuerdo con ellas.


jueves, 14 de septiembre de 2017

Frases: Ray Bradbury

Pensamos: no soy un tonto hoy. He aprendido mi lección. Fui un tonto ayer, pero no esta mañana. Entonces mañana descubrimos que, si, éramos un tonto hoy también. Creo que la única forma en que podemos crecer y progresar en este mundo es aceptando el hecho de que no somos perfectos y viviendo de manera acorde a esta verdad.

   

jueves, 7 de septiembre de 2017

Reflexión

Recordando a mi Madre

Como en esa foto en sepia rescatada de un antiguo album familiar, así permanecen los recuerdos en torno a tí después de tantos años desde aquella víspera del Pino donde el tiempo se detuvo. Seguimos nuestro camino, pero sabiendo que estás presente, como esas mareas vivas que a veces nos engulle por estar cerca y a veces se alejan hasta perderse en la bajamar, pero siempre van y vienen, siempre están ahí.
#tequieromamá #madreausente

"Un amor tan poderoso como el de tu madre por tí deja marcas poderosas. No una cicatriz, no un signo visible...haber sido amado tan profundamente, aunque esa persona que murió no esté, nos deja para siempre una protección. Eso está en tu piel"

J.K. Rowling en  "Harry Potter y la Piedra Filosofal"

martes, 5 de septiembre de 2017

Frases: Wimpi

No es optimismo auténtico el de quien espera confiado a que la realidad llegue a tener el tama­ño de sus sueños: lo es, en cambio, aquel capaz de vivir su sueño como una realidad.

  

domingo, 3 de septiembre de 2017

Frases: François Mauriac

La mayoría de los hombres se parecen a grandes palacios abandonados: ocupan sólo unas pocas habitaciones y han cerrado las alas donde nunca se aventura.

           

viernes, 1 de septiembre de 2017

Poesía: Nicanor Parra

El hombre imaginario

El hombre imaginario
vive en una mansión imaginaria
rodeada de árboles imaginarios
a la orilla de un río imaginario

De los muros que son imaginarios
penden antiguos cuadros imaginarios
irreparables grietas imaginarias
que representan hechos imaginarios
ocurridos en mundos imaginarios
en lugares y tiempos imaginarios

Todas las tardes tardes imaginarias
sube las escaleras imaginarias
y se asoma al balcón imaginario
a mirar el paisaje imaginario
que consiste en un valle imaginario
circundado de cerros imaginarios

Sombras imaginarias
vienen por el camino imaginario
entonando canciones imaginarias
a la muerte del sol imaginario

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario.

        

miércoles, 30 de agosto de 2017

Cuento popular africano

Gassir el Héroe (Cuento popular africano)

Había una vez un héroe famoso que se llamaba Gassir. Había vencido a todos sus enemigos, devastado sus pueblos, y pensaba que su fama sería eterna. Un día, cuando volvía de la lucha vio una perdiz sentada en la hierba y que cantaba:

No hay sables poderosos.

No hay hombres tan poderosos

que no sean olvidados.

¡Oh, Gassir!, ¡valiente guerrero!,

tus heroicas hazañas

serán olvidadas.

El heroísmo, tú lo sabes,

como resultado de la fuerza,

engendra lágrimas y tristeza.

El mundo te olvidará,

como a mí me olvidará,

pero el canto sobrevivirá…

Las ciudades y los pueblos,

los héroes y los cobardes:

¡todo desaparecerá!

¡Sólo mi canción sobrevivirá!

Gassir oyó el extraño canto del pájaro; luego fue a buscar al Sabio de la aldea y le contó lo que había oído.

-La perdiz tiene razón -dijo el anciano-. La fama del héroe es como la hierba. Antes de que termine el año, se seca. Pero una canción es eterna.

Al oír esto, Gassir fue a buscar al herrero, que era muy habilidoso, y le pidió que le hiciera un laúd.

-Te haré un laúd -dijo el herrero-, pero ¿sabrás tocarlo?

-Eso es asunto mío, no tuyo -respondió Gassir con arrogancia.

Entonces el herrero le hizo un laúd. Pero cuando Gassir intentó tocarlo, no salió de él ni una sola nota.

-¿Por qué el laúd está silencioso? -preguntó.

-Te dije que no sabrías tocarlo. Pero es asunto tuyo, no mío -rió el herrero.

Avergonzado, Gassir le contestó:

-Dime, ¿qué debo hacer?

El herrero inclinó la cabeza y reflexionó. Luego dijo:

-El laúd no es sino un trozo de madera. No sabe cantar porque no tiene corazón. Eres tú el que debe proporcionárselo. Llévalo contigo cuando vayas a combatir. Cuando su madera esté mojada por tu sudor y tus lágrimas, cuando tus penas se conviertan en sus penas y tu gloria en su gloria, ya no será simplemente un trozo de madera que yo habré transformado en laúd, sino una parte de ti mismo, de tu vida. Y entonces hablará.

Poco después, Gassir marchó a la guerra contra uno de sus enemigos.

Reunió a sus ocho hijos y les dijo:

-Vamos a combatir hoy. Nuestras hazañas no deben olvidarse jamás. La gloria de nuestros sables debe vivir siempre. Yo, Gassir, y vosotros, mis hijos, podemos morir, pero sobreviviremos en una canción, que será inmortal.

Después de haber hablado se puso el laúd en bandolera y salió con sus ocho hijos. Lucharon durante ocho días, como corresponde a los héroes. Los sablazos de Gassir hicieron temblar las cuerdas del laúd y el sudor de su frente se infiltró en la madera. Combatieron los ocho días propios de los héroes, y cada día uno de sus hijos murió en la batalla.

El octavo día, el de la victoria, cuando Gassir enterró a su octavo hijo, el gran héroe se sentó en una piedra y por primera vez en su vida derramó lágrimas de tristeza. Su heroísmo había sido inútil. Ahora se había quedado completamente solo y pronto nadie se acordaría de él ni de sus hazañas.

De repente, Gassir oyó el sonido de una voz, una voz que parecía venir de su propio corazón. Era el laúd, que había cobrado vida por sus lágrimas, que no por sus hazañas. El laúd cantó a Gassir y sus hijos, cantó su valor y su arrojo… Y su canto vive todavía y vivirá eternamente.

 

Granadilla (Cáceres)


Badajoz


Trujillo (Cáceres)


Cáparra (Cáceres)





jueves, 17 de agosto de 2017

Un cuento de Robert Fox


El joven iba perfectamente afeitado y pulcramente vestido. Era un lunes muy de mañana, y se metió en el metro. Era el primer día de su primer empleo, estaba un poco nervioso. No sabía con exactitud en qué iba a consistir su trabajo. Aparte de esto, se encontraba perfectamente bien. Toda la gente le veía bien. Le caían bien los transeúntes, los que se metían en el metro, y le caía bien el mundo, porque el día era claro y bueno, y él iba a empezar su primer empleo.

El joven consiguió encontrar un asiento en el metro que iba a Manhattan sin tener que dar codazos ni patadas a nadie. El vagón se llenó rápidamente, y él miraba a los que estaban de pie en torno a él y le envidiaban el asiento. Entre esta gente había una madre y su hija, que iban de compras. La hija era una bella muchacha rubia cuya piel parecía muy suave, y el joven se sintió atraído por ella inmediatamente.

-Te está mirando -susurró la madre a la hija.

-Sí, madre, y me molesta mucho. ¿Qué hago?

-Está enamorado de ti.

-¿Enamorado de mí? ¿Cómo puedes saberlo?

-Pues porque soy tu madre.

-Pero ¿qué hago?

-Nada. Intentará hablar contigo. Si lo hace tienes que contestarle. Sé amable con él. No es más que un muchacho.

El tren llegó al barrio de las oficinas comerciales y mucha gente se bajó. La chica y su madre encontraron asiento enfrente del joven, que seguía mirando a la chica, la cual, de vez en cuando, le miraba para ver si la estaba mirando.

El joven cedió su sitio a un hombre mayor como pretexto para ponerse de pie. Se quedó de pie junto a la chica y su madre. En otra parada quedó libre el asiento que había junto al de la chica, y el joven se sonrojó, pero lo ocupó inmediatamente.

-Lo sabía -dijo la madre, entre dientes-, lo sabía. Lo sabía.

El joven carraspeó y tocó a la chica en el hombro, haciéndola sobresaltarse.

-Dispénseme -le dijo-, pero es usted una chica muy bonita.

-Gracias -dijo ella.

-No hables con él -dijo la madre-, no le contestes. Te lo advierto. Hazme caso.

-Estoy enamorado de usted -dijo él a la chica.

-No le creo -dijo la chica.

-No le contestes -dijo la madre.

-De verdad que sí -dijo él-; más aún: estoy tan enamorado de usted que quiero casarme con usted.

-¿Tiene usted empleo? -dijo ella.

-Sí, hoy es el primer día. Voy a Manhattan a empezar mi primer día de trabajo.

-¿Y qué clase de trabajo es el que va a hacer? -preguntó ella.

-No lo sé con exactitud -dijo él-, ya le dije que todavía no he empezado.

-Parece interesante -dijo ella.

-Es mi primer empleo, pero tendré mesa propia, y manejaré un montón de papeles y tendré que llevarlos por ahí en una cartera, y me pagarán bien, y ascenderé a fuerza de tra­bajo.

-Te amo -dijo ella.

-¿Te casarás conmigo?

-No lo sé. Tendrás que preguntárselo a mi madre.

El joven se levantó de su asiento y se situó de pie ante la madre de la chica. Esta vez carraspeó con gran cuidado.

-Tengo el honor de pedirle la mano de su hija -dijo, pero el ruido que hacía el vagón ahogó completamente su voz. La madre le miró y dijo:

-¿Cómo?

Él tampoco la podía oír, pero por el movimiento de sus labios y por su manera de arrugar el rostro comprendió lo que había dicho: cómo.

El metro llegó a una estación.

-¡Que tengo el honor de pedirle la mano de su hija! -gritó él, sin darse cuenta de que el metro ya no hacía ruido.

Todos los que estaban en el vagón se le quedaron mirando, sonrieron, y luego se pusieron a aplaudir.

-¿Esta usted loco? -preguntó la madre.

El tren volvió a ponerse en marcha.

-¿Cómo? -dijo él.

-¿Por qué quiere casarse con ella? -preguntó la madre.

-En primer lugar porque es bonita. Quiero decir que estoy enamorado de ella.

-¿Y nada más?

-Pues no -dijo él-, ¿es que tiene que haber algo más?

-No, de ordinario no -dijo la madre-. ¿Trabaja usted?

-Sí, y, por cierto, ésa es la razón de que vaya ahora a Manhattan tan temprano. Es que hoy es mi primer día de trabajo.

-Pues felicidades -dijo la madre.

-Gracias. ¿Puedo casarme con su hija?

-¿Tiene usted coche? -preguntó ella.

-Todavía no -dijo él-, pero probablemente tendré uno dentro de muy poco. Y también casa.

-¿Casa?

-Sí, con muchas habitaciones.

-Bueno, sí, ya me figuré que iba a decir eso -dijo ella. Se volvió a su hija-: ¿Lo quieres?

-Sí, madre, lo quiero.

-¿Por qué?

-Pues porque es bueno, y dulce, y amable.

-¿Estás segura’?

-Sí.

-Entonces es que lo quieres de verdad.

-Sí.

-¿Estás segura de que no hay ningún otro al que pudieras amar y con quien desearas casarte?

-No, madre -dijo la chica.

-Bueno, pues entonces -dijo la madre al joven- está visto que no puedo hacer nada. Pregúnteselo usted otra vez.

El metro se paró.

-Queridísima mía -dijo él-, ¿quieres casarte conmigo?

-Sí -dijo ella.

Todos los del vagón sonrieron y se pusieron a aplaudir.

-¿No es cierto que la vida es maravillosa? -preguntó el joven a la madre.

-Maravillosa -dijo la madre.

El revisor se bajó de entre los vagones al arrancar de nuevo el tren y, poniéndose bien la corbata oscura, se acercó a ellos con un solemne libro negro en la mano.

sábado, 12 de agosto de 2017

Poesía: Jaime Sabines


Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí.

Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás hecha para mí, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño.

Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío?