martes, 11 de diciembre de 2012

Políticos y ciudadanía

 
 
 
Estuve el otro día en Infecar, visitando la Feria de Artesanía que por estas fechas se instala en el recinto ferial y disfrutando de la maravillosa artesanía que tenemos en Canarias y como se ha ido abriendo ésta al diseño tanto en moda como en complementos, marroquinería, joyería y decoración. Más de cien stands muy bien presentados y con un abanico extenso para el regalo propio de estas fechas con toques originales y precios competitivos.
No obstante, me llamó la atención encontrarnos en nuestro camino de un pabellón a otro a una procesión de personajes que a modo de "santa compaña" de día caminaban entre el tumulto de gente enredados en sus diálogos internos como si salieran de otra dimensión. Era una veintena de personas con guardia de seguridad incluida que caminaban entre la multitud sin mirar a la gente que encontraba a su paso, que terminado su autobombo publicitario en la inauguración de la feria y después de repartir sonrisas forzadas y admiraciones protocolarias por los stands se dirigían a la salida haciendo caso obvio a toda esas personas que tenían que apartarse para su formal puesta en escena.
Era un ejemplo práctico y viviente de la desoladora separación entre la política y los políticos y la sociedad que los ha puesto en ese lugar. Los observábamos dese una atalaya privilegiada como algunos se mostraban enfrascados en conversaciones entre ellos mientras otros estaban fuera de lugar y sólo seguían a la manada. y me preguntaba si era necesario el guardia de seguridad pretoriano que les acompañaba. Acaso era un símbolo del distanciamiento y la separación o sólo el guía que les mostraba el camino, aunque para eso ya estaba el presidente del recinto ferial, rescatado de las mazmorras de la política.
Mientras, la gente seguía a lo suyo: admirando los stands, viendo el teatro costumbrista de calle de un grupo maravilloso de la tercera edad en el patio de entrada o disfrutando del tibio calor de la mañana, eso sí, profiriendo algunos comentarios entre jocosos e indignados que no voy a reproducir.
            Llevamos ya un tiempo en que la clase política está alejada de la realidad: recortes y reformas hacia abajo sin que las prebendas de arriba se recorten por igual, futuros diferentes en función del puesto, discusiones y peleas teóricas cuando en lo esencial no se ponen de acuerdo…y así hasta el infinito.  Pensemos que esa misma hilera de personas que ahora van a lo suyo, cuando las urnas nos reclame de nuevo, harán el mismo paseíllo pero abordando nuestra intimidad con sus sonrisas de hojalata, sus manos manchadas de culpa y sus miradas que esconden intenciones.
            El tiempo pasa y no hay reacción y me temo que cuando lo hagan será demasiado tarde; el trayecto entre ellos y nosotros será muy grande para ser caminado y no seremos los ciudadanos los que tengamos que avanzar hacia el encuentro.


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